Irene en la gruta de las sirenas
Irene Kwon, 20 años, entra sola al amanecer en una gruta de una cala cerrada de Cádiz. Marín, sireno adulto, la espera. Ella se acuesta con él en el agua sabiendo que el acto le cambia el cuerpo.
Esta estantería reúne ficción erótica ambientada en mundos de magia, criaturas y reinos imaginarios. Los textos que le corresponden muestran deseo explícito entre adultos bajo reglas fantásticas. Está destinada a quien lee erotismo especulativo, no realismo contemporáneo.
4 relatos
Relatos eróticos de fantasía y monstruos es la estantería que espera a quien llega buscando deseo entre criaturas de leyenda y rincones de España que se tuercen hacia lo imposible. Hay una cala cerrada de Cádiz al amanecer, una cripta de catedral en Toledo a deshora, unas termas árabes de Granada reservadas de madrugada y una cueva fría en los Picos de Europa. El tono es explícito y de alcoba, lejos del realismo de oficina o de barrio. Los relatos se leen sin pagar ni abrir cuenta.
En Irene en la gruta de las sirenas, Irene Kwon entra sola al alba en una gruta de aquella cala gaditana y se encuentra con Marín, un sireno que la espera en el agua, en un relato de erotismo con sirenas donde el mar deja marca en el cuerpo. Quien prefiere el romance de corte erótico con un vampiro tiene Irene y el vampiro de la cripta, en la que se cuela de noche en la cripta de una catedral toledana para grabar y se queda con Álvaro, el habitante de aquella piedra. En Irene y el íncubo de las termas, la protagonista reserva unos baños árabes granadinos a deshora y el íncubo de los sueños aparece en el vapor, en una pieza centrada en el encuentro carnal con un íncubo.
La misma Irene recorre también la montaña. El romance de tono erótico junto a un dragón aparece cuando sube a una cueva de los Picos de Europa y Rodrigo la trata como tesoro una noche, sin que se quede para siempre. Las situaciones que vuelven son la soledad buscada, el umbral de un lugar cerrado y el trato con una criatura que desea, corteja o se alimenta.
La estantería está pensada para el lector de erotismo especulativo que quiere cala atlántica, piedra toledana, vapor granadino y caliza de puerto, no para quien busca una historia de piso compartido y mensaje al móvil.